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MACARONS, TÉ, PARÍS

MACARONS, TÉ, PARÍS

Ves el toldo de rayas verdes y blancas incluso antes que el letrero. Debajo, las letras doradas forman el nombre Ladurée, acompañadas de una pequeña placa que recuerda que la maison fue fundada en París en 1862. Al cruzar la entrada arqueada, todo cambia: tonos pastel, mostradores de mármol, detalles dorados y vitrinas llenas de tantos dulces que es difícil elegir solo uno.

Una vitrina de pastelería que Parece una joyería

Cada rincón está cuidado al detalle

En el interior, lámparas doradas cuelgan de un techo abovedado y, sobre el papel tapiz floral, un pequeño medallón lleva la inscripción París 1862. Nada parece estar ahí por casualidad, ni siquiera el lazo que adorna cada caja.

La vitrina de macarons es la gran protagonista. Filas de rosa, azul, amarillo y pistacho parecen acomodadas por un florista más que por un pastelero. Elegir solo unos pocos se vuelve casi imposible.

Más allá de los macarons, el mostrador está lleno de pequeños pasteles, tartas y galletas en cajas tan bonitas que da pena abrirlas. Es uno de esos lugares donde el té y el café casi pasan a segundo plano frente a la pastelería.

Dulzura parisina

Macarons, color y un pequeño sabor de París.

Ladurée es tanto la experiencia del lugar como sus dulces. Sus clásicos macarons llegan en colores delicados y sabores tradicionales, expuestos como pequeñas joyas entre cajas en tonos pastel y detalles elegantes. Con colores suaves, acabados ornamentados y una decoración inconfundiblemente parisina, todo el espacio se siente como una pequeña escapada a París incluso antes del primer bocado.